Es posible que una persona no presente dolor, fiebre ni signos clínicos evidentes… y, aun así, su sistema inmunitario esté en un estado de activación basal persistente. A esto se le conoce como inflamación de bajo grado.
No es una respuesta aguda —como la que ocurre ante una infección o lesión—, sino una señalización constante y de baja intensidad que altera procesos clave: reparación tisular, sensibilidad metabólica y función neuronal.
En el centro de este fenómeno está la membrana celular. Su composición lipídica determina cómo la célula recibe, interpreta y responde a señales. Cuando esta membrana pierde equilibrio, la comunicación celular se vuelve menos eficiente y más “ruidosa”.